El príncipe del café: Coffe Prince

Detesto las telenovelas. Casi toda mi vida he tenido una aversión hacia ellas porque las considero una terrible pérdida de tiempo (casi todos/as tenemos nuestras formas de perder el tiempo pero esa no me gusta). Particularmente detesto las novelas sobreactuadas y predecibles de, ejem, México y el resto de América Latina (con la posible excepción de Brasil, pero no tengo los criterios para sostener esto). Veamos un resumen de una novela, en voz de dos personas que no se la perdieron el día antes:

Fulana 1: ¿Viste qué María la del Campo (pobre y descalza) se besó con el heredero de la finca más grande de maiz de todo México?

Fulana 2: Ay, si, mija, no sabes cuanto lloré anoche.

Fulana 1: Yo creo que ellos se van a casar al final porque según me dijo mi hermana que vive en Orlando que ya la vio hasta casi el final…

Fulana 2: ¡No me la cuentes, que quiero que sea sorpresa!

Esta conversación sacada de la vida real, es la razón por la que detesto las telenovelas. No es por el formato. Veo programas dramáticos en serie, pero es la falta de originalidad en todo el asunto.

Ahora, estando en Corea, y habiendo decidido aprender lo más posible de la cultura coreana durante mi tiempo aquí, decidí ver una novela hecha acá, por insistencia de par de maestras que trabajan aquí conmigo. Me recomendaron “The 1st Shop of Coffee Prince”. Para empezar, me gusta el café. No puedo vivir sin tomarme una buena taza en el desayuno y otra después del almuerzo.

Comenzé a verla con todos los prejuicios que tengo de las novelas latinoamericanas pero rápidamente aprendí que el mundo de las novelas coreanas (por lo menos Coffee Prince) es completamente diferente al mundo de las novelas a las que he estado expuesto (a esto hay que añadir las novelas gringas, que son aburridísimas).  Primero que nada, debo advertir que el esquema de la novela no se diferencia mucho del esquema tradicional latinoamericano. La muchacha es pobre y linda y el muchacho es rico y guapo. La diferencia recae en la premisa: la muchacha, Eun-Chan tiene que mantener a su familia, así que tiene varios trabajos para poder conseguir lo suficiente con que pagar el apartamento y los gastos de su mamá y hermana aspirante a cantante. En el primer encuentro con Han-Gyul,  “heredero de una empresa gigante de Seul”, éste piensa que Eun-Chan es un hombre por la forma en que se viste y se relaciona con los demás. Eun-Chan le sigue el juego y termina trabajando para él en “Coffee Prince”, un café que ha visto mejores días.

Una de las cosas que me gusta de esta novela es la actuación. Definitivamente hay personajes que son poco creíbles pero en su mayoría todos los personajes tienen muchos elementos de la vida real, lo que los hace muy interesantes. La novela trata otros temas como: la familia tradicional coreana versus las nuevas composiciones familiares, la homosexualidad y la identidad de género, las diferencias en clases sociales y, claro, el buen café.

Todavía me mantengo escéptico a aceptar las telenovelas como una forma aceptable de entretenimiento. Pero, siempre y cuando haya alguna joya parecida a “Coffee Prince”, estaré dispuesto a flexibilizar mis posiciones.

Puedes ver “Coffee Prince” en: DramaCrazy.