Ayer leí este articulo sobre la próxima reunión del Partido de los Trabajadores de Corea del Norte, la primera reunión de su clase desde el 1980. En ella se espera que Kim Jung-il anuncie su sucesor en el puesto de máximo líder del gobierno norcoreano. El nombre que más se menciona para sucederlo es el de su hijo menor, Kim Jung-un, de tan sólo alrededor de 27 años.
Para los que han estado siguiendo las noticias sobre este hermético estado, este anuncio no es una sorpresa. Los dos hijos mayores de Kim Jung-il cayeron en desgracia por lo que ya habían sido descartados como posibles sucesores. Dejarle el poder a alguien fuera de la familia Kim podría desatar una pelea interna en el Partido y una crisis política en la región.
La edad del joven preocupa a muchos observadores internacionales. Por un lado está la inexperiencia de manejar un ejército de un millón de soldados y un gobierno totalitario en constante crisis y con pocos aliados. Por otro lado, si el sucesor exhibe el mismo estilo de gobernar de su padre, la península coreana se enfrenta a varias décadas más de diálogos frustrados, escaramuzas espontáneas y retórica hueca de ambas partes.
Hace poco Corea del Sur instituyó un impuesto para subsanar el costo de una posible reunificación con Corea del Norte. Esta movida, que me parece acertada debido al monumental costo que esto conllevaría, parece incongruente en el contexto político actual. Y más ahora que el estado norcoreano y surcoreano parecen moverse en vías opuestas cada vez más distantes.
A China le conviene tener a la dinastía Kim en el poder (aunque no le agrade), por sobre una sola Corea unida con una gran frontera militarizada compartida con los EEUU. No es lo mismo una batalla marítima entre las dos Coreas que una entre China y EEUU. A Rusia tampoco le convendría tener a los EEUU un poco más cerca de su territorio.
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Una de las cosas que más me llamó la atención fue un enlace a unas fotos tomadas por Irina Kalashnikova que acompañaron el artículo. Las fotografías de personas en Corea del Norte son raras y estas me chocaron más aún por la cotidianidad que presentan. Aquí ofrezco algunas.





























































