Peleas de toros y fresas

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El sábado fue un día invernal en medio de la ya bastante adelantada primavera. Las temperaturas no subieron de un sólo dígito y estuvo lloviznando todo el día. No era el día ideal para una excursión pero eso fue precisamente lo que hice. Me levanté temprano, preparé mi cámara y salí al centro de Daegu para encontrarme con cuatro guaguas llenas a capacidad que se dirigirían a Cheongdo. El viaje fue organizado por la revista Daegu Compass y a mi me tocaba el rol de fotografo oficial. Ya había ido a este viaje anteriormente, pero esta vez haríamos algunas actividades diferentes a los pasados años.

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La primera parada fue en el Persimmon Wine Tunnel, un túnel dedicado a la degustación del vino de persimmon (caqui). Este túnel fue usado por un ferrocarril a finales del siglo XIX pero fue prontamente convertido en una cava para el vino de persimmon. El túnel es mantenido a una temperatura y humedad constante durante todo el año para que el vino siempre esté en su mejor estado. Nuestro grupo probó el vino (es un poco dulce y seco) acompañado de galletas con queso y salimos hasta nuestro próximo destino.

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El vino nos había abierto el apetito. Por suerte (o buena planificación), los organizadores habían comenzado a cocinar el almuerzo desde temprano, el cual consistía de samgyeopsal, kimbab, hot dogs y vegetales. Por mala suerte (o mala planificación), los organizadores subestimaron el número de personas y el hambre que tenían y se formaron filas kilométricas para la carne. A pesar de eso, vi muchas sonrisas cuando la gente se dio cuenta que había ketchup y mostaza de una marca no coreana. Yo casi no pude comer y creo que los cocineros tampoco probaron casi nada.

Tan pronto terminamos el almuerzo, nos dirigimos al evento principal del viaje, el Festival de Peleas de Toros de Cheongdo (청도소싸움축제). Estas peleas son diferentes a las que se llevan a cabo en España y en otras partes de occidente. En Korea, las peleas son entre dos toros que han sido entrenados para esto. La pelea consiste en que los dos toros (uno rojo y uno azul) entrelacen los cuernos hasta que uno de los dos se rinda y salga corriendo. El toro que resista es el ganador. Si la pelea dura más de treinta minutos, se declara un empate. También se puede apostar dinero al ganador o al empate, desde 100won hasta 100,000won. Un amigo le apostó 5,000won al toro ganador y se ganó lo que apostó más 1,000won. Yo suelo ver una o dos peleas pero más de eso me parece muy repetitivo.

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Por último, fuimos al evento que la mayoría de las personas estaban esperando: recoger fresas en unos invernaderos cerca del lugar del festival. Nos repartieron unos recipientes de plástico y nos dijeron que podíamos comer cuantas fresas quisiéramos y llenar el recipiente. Varias personas comimos decenas de fresas, salimos cargados de fresas y aún así quedaban miles dentro del invernadero.

Una de las guaguas se quedó atascada en un plantío de arroz (aunque logró salir después de varios intentos) y el muchacho que estaba sentado detrás mío vomitó todo lo que había bebido y comido durante el día pero eso no empañó lo bien que me lo pasé. Seguramente regresaré a Cheongdo el año que viene, por cuarta vez, a ver a los toros peleas y a atosigarme de dulces y deliciosas fresas.

PanAsia: tres países en un restaurante

PanAsia entrance

Muchos residentes de Daegu conocen a PanAsia, un restaurante que sirve comida tailandesa, singapurense e indonesia en el mismo centro de la ciudad. Yo no había tenido la oportunidad de comer allí hasta hoy, que me tocó hacer una reseña del lugar para la revista Daegu Compass. El restaurante se acaba de mudar de local (justo al frente del antiguo) a uno más espacioso, mejor ambientado y con un lugar de espera muy necesario. La mudanza se debe a esos factores y a que la cocina anterior era muy pequeña para el chef y su tropa de cocineros.

PanAsia bottles decor

El dueño y chef principal, Jingyu Bae, vivió en Tailandia y fue allí donde se formó como cocinero. Durante su estadía en este país asiático visitó sobre 100 restaurantes para perfeccionar su paladar y la paleta de sabores que utilizaría en su futuro proyecto culinario. Además, allí conoció a varios chefs de Indonesia y Singapur quienes le enseñaron platos de la cocina tradicional de sus respectivos países. Chef Bae absorbió todo ese conocimiento y lo tradujo en platos que no se distancian mucho de lo que se pudiese encontrar en la cocina tradicional de estos tres países. De ahí es que nace el nombre PanAsia.

PanAsia table

Su amor por la comida asiática y la poca variedad que existe en Daegu de este tipo de comida, aparte de la coreana, lo llevaron a abrir este restaurante hace casi un año. Decir que ha ha sido todo un éxito es quizás un término demasiado ligero. Cuando llegué al restaurante a eso de las cuatro de la tarde estaba vacío, pero era la hora del descanso. Ya a las 4:30pm, la fila de comensales para entrar sobrepasaba el número de mesas. A las 5 en punto se llenaron todas las mesas y todavía quedaban muchas personas por sentar. Por la falta de descuentos u otras promociones, los meseros han sido entrenados para reconocer a los clientes que visitan el lugar regularmente para así ofrecerles algún platillo por la casa.

PanAsia interior

PanAsia es exitoso por varios factores positivos, el primero siendo que el chef es un apasionado por la comida y los sabores auténticos, frescos y tradicionales. El segundo es el espacio: es acogedor y moderno, con maderas oscuras y paredes amarillo mostaza que invitan a sentarse por un buen rato y disfrutar de la comida. Y ya que menciono la comida, la experiencia provoca un placer sensorial apabullante, pero del bueno.

La presentación visual es muy atractiva. Siempre me como la comida con los ojos y con mi cámara antes de cualquier otro sentido y PanAsia logra arreglar los platos de una manera que dan ganas de comer. Los olores que salen de la comida son frescos y dulces. Y del sabor…

PanAsia Bernini Punch

Lo primero que trajeron fue una creación del chef llamado ‘Bernini Punch’, una mezcla de frutas frescas como piña, chinas, uvas, lichi, con Bernini en una pequeña cubeta con hielo. Esta bebida es refrescante, tropical y el perfecto acompañamiento para una cena picante como la de esa tarde. Cuando sentía que el pique ardía un poco fuerte, tomaba un poco del punch y lo calmaba.

PanAsia Pad Thai

Paso seguido trajeron el pad thai, que es un plato de fideos fritos (en este caso envueltos en una tortilla de huevo), con pollo, pedazos de tofu, jugo de limón fresco, maní triturado y otros condimentos. Los fideos estaban cocinados al punto de perfección, al igual que el pollo. Es un plato que definitivamente me gustaría repetir.

PanAsia Chicken Cashews

El segundo plato fue uno de pollo con anacardo (cashews) y otros vegetales. Este fue el plato que más fresco se sentía, quizás por la accesibilidad de los ingredientes. Tenía un sabor dulce y ligeramente picante, y el pollo estaba crujiente en el exterior pero tierno en el interior.

PanAsia green curry

El curry verde y pollo con coco fue mi plato preferido. Me gusta el sabor fuerte y picante del curry combinado con los sabores refrescantes de los vegetales y el mantequilloso sabor del coco en el pollo. Es quizás un plato perfecto. No he probado un curry verde en Korea que sobrepase el excelente sabor del curry de PanAsia.

Todos los platos se pueden y se deben compartir. Las cantidades son generosas y el único problema es el de no poder terminar de comerse todo lo que sirvieron.

La Luce, un restaurante de comida europea contemporánea

Ayer fui a La Luce, un restaurante de comida europea, junto a Hami y Lee para hacer una reseña del mismo para la revista Daegu Compass. Mi colaboración con esta revista es voluntaria pero cuando hacemos alguna reseña puedo comer gratuitamente. En restaurantes como La Luce esto es, definitivamente, una ventaja. El restaurante está ubicado cerca del hospital de la Universidad de Kyungbook, a pocos minutos del centro de Daegu.

El chef de La Luce se llama Kim Sun-il y fue nombrado por la revista Vogue Korea como uno de los ‘top 6′ chefs jóvenes del país. Estudió en Itaewon, Seúl pero decidió abrir el restaurante en Daegu por ser el lugar de origen de su madre. De hecho, su madre también trabaja en la cocina. El restaurante tiene una co-dueña, quien trabajó junto a Kim Sun-il en Seúl y se especializa en cafés y bebidas.

El ambiente está entre casual y formal y algo que me agradó mucho fue que tenían música europea sonando a todo momento (en francés, italiano y español). Muchos restaurantes en Korea que dicen ser europeos ponen música americana o coreana, lo cual usualmente arruina un poco la experiencia. El color mostaza de las paredes era un poco intenso para mi gusto aunque combinaba bien con los marrones obscuros de las mesas y demás muebles. La vista es, sorpresivamente, bonita para estar ubicado en un ambiente urbano.

Y entonces está la comida. Lo primero que nos trajeron fue un pan focaccia hecho en el mismo restaurante, con un ligero sabor a romero. Vino acompañado de aceite de oliva y vinagre balsámico. El pan estaba tan rico que repetimos. También nos trajeron una platillo con tres tipos de aceitunas. No recuerdo la última vez que comí unas aceitunas tan deliciosas. Le pregunté al chef donde compran las aceitunas pero me dijo que era un secreto.

A esto le siguió lo que yo considero ser la ensalada perfecta: tomate, queso mozzarella y albahaca. Me gusta por su sencillez y por ser muy refrescante y ligera. Es una ensalada que no pretende ser más de lo que es, y en este restaurante no le han tergiversado esta cualidad.

Después de la ensalada nos trajeron gnocchi de papa, lo que creo que fue el mejor plato del día. El gnocchi es como un pequeño dumpling, en este caso hecho con una masa de harina y papa. Vale la pena ir a este restaurante sólo para comer este plato. La foto no le hace justicia al delicado y delicioso sabor de este plato.

La comida continuó llegando y lo próximo que nos trajeron fue un hamburger. De todos los platos, aunque estuvo bueno, este fue el único que pensé era prescindible. El pan hecho en casa estaba muy rico y la carne estaba en su punto perfecto pero siento que no encajaba bien con el resto de los platos.

El penúltimo plato se llamaba ‘Coca de Señorita’ y la mejor manera de describirlo sería decir que es una pizza española. Tiene una masa muy fina con varios vegetales y tocineta como topping. Es una comida ligera aunque la generosa porción da para dos personas hambrientas o tres personas no tan hambrientas (nosotros no pudimos terminarlo, después de haber picado de los platos anteriores). Esta ‘pizza’ viene sin cortar, por lo que la mesera/chef aprovecha para venir a la mesa y compartir con los comensales mientras la corta.

Por último, nos trajeron una paella. Yo soy la persona menos calificada para hablar de paellas ya que soy alérgico a mariscos pero visualmente era impresionante. Quizás por eso la trajeron sin nosotros haberla ordenado. Hami y Lee, a pesar de estar casi llenos, bajaron gran parte de la paella.

La Luce es un restaurante que vino para elevar la calidad de la escasa oferta de comida europea que tiene Daegu y al cual definitivamente regresaré en otro momento.

Visitando el Daegu tradicional

Mi sábado “empezó” un poco temprano (7:30am) con una llamada de la compañía que me iba a hacer entrega de una pequeña maleta que compré. Necesitaban saber el código que identifica el área donde vivo. Cómo pude entender eso en coreano cuando todavía estaba entre el sueño y la conciencia, realmente no lo sé. Lo que sí sé es que le di el número correcto porque justo cuando terminé de bañarme tocaron a la puerta con la maleta.

Pocos minutos después me llegó una llamada de una tienda de cámaras en donde había reservado mi nueva Fuji X100. Fui hasta allí y después de hacer el doloroso pago, jugué con ella un rato. La batería tenía suficiente carga para el resto del día. En otro post hablaré un poco más de la cámara pero por ahora puedo decir que me está gustando (algunas de las fotos que puse hoy en el blog las tomé con esta cámara y el resto con mi cámara usual).

 

En la tienda me recogieron Hami y Sunny, unas amigas con quienes iría a la montaña Palgong para escribir un artículo para la revista Daegu Compass. Comenzamos el viaje visitando unas tumbas antiguas. No tenía idea que esas tumbas existían en Daegu. Había visto algunas parecidas en Gyeongju (aunque allá son de mayor escala). Las tumbas en Korea las hacen en forma de pequeñas montañas y, hasta donde tengo entendido, el tamaño de la montaña está relacionado con la importancia que tenía la persona en vida.

 

Estuvimos poco rato allí y luego fuimos al templo más importante y famoso de Daegu: Donghwasa. De camino al templo vimos las primeras señales del débil otoño que apenas comienza.

Esta es mi segunda vez en este templo, aunque la primera vez no pude ver el gran Buda que reside allí porque estaba en remodelación. La remodelación terminada, esta vez pude ver al Buda en toda su grandeza. Hami y Sunny me dijeron que ese es el Buda más grande de Asia aunque pongo eso en duda porque TODOS los países asiáticos dicen lo mismo de sus Budas. Shanghai tiene el Buda de plata más grande; Hong Kong tiene el Buda de bronce sentado más grande; Japón tiene el Buda de madera más grande. En fin, todos son grandes y se nota que lo quieren mucho.

Pasamos por el camino forrados de linternas budistas (en las cuales puedes poner tu nombre con un módico donativo de $21 a 1,000).

Los guardianes del templo nos dejaron pasar.

Algunas personas eran más cautelosas a la hora de entrar y le hacían reverencia a los guardianes.

Una pequeña cabaña para rezar con un cojín muy chic.

Aquí consultado con el mapa para llegar hasta el Buda.

¿Anunciará esta campana el almuerzo de los monjes?

Llegué al gran Buda.

Toda esa caminata nos dio hambre así que fuimos a comer pollo. El plato tiene un nombre en coreano pero para que complicarnos: era un asopao de pollo con una sopa de arroz por el lado. Estuvo regular.

Un sábado comiendo y fotografiando

Este sábado pasado me despertó una llamada de mi amiga Sunny, quien quería que ayudara a su prima a editar un ensayo en inglés. Accedí (luego de tomarme un café y estar un poco más despierto) y nos tomó más o menos una hora en mejorarlo. Cuando terminamos el ensayo Sunny me invitó a almorzar al restaurante italiano de su tío, Terraza In City, que queda a unos diez minutos caminando de mi casa. Hace mucho tiempo que me había estado hablando de este restaurante y de lo delicioso que es así que no dude mucho en aceptar.

Había pasado por el restaurante muchas veces de camino a la estación de metro. Es un edificio de dos pisos acabado de remodelar, muy moderno, minimalista y de muy buen gusto. Nos sentamos al lado del patio y yo pedí el steak sirloin y Sunny pidió espagueti gorgonzola. Esto fue lo que nos trajeron:

Lo primero fue una ensalada de camarones. Yo soy alérgico así que Sunny le sacó más provecho que yo a ese plato.

A la misma vez, nos trajeron un plato de panes.

Le siguió una rica sopa de habichuelas.

Luego trajeron una segunda ensalada, esta vez de salami.

Después llegó el plato fuerte: un jugoso steak sirloin preparado a la perfección.

Por último el café (lo menos que me gustó de todo el almuerzo).

Después del delicioso almuerzo (a un coste de 30,000won) tenía ganas de tomar fotos así que fui hasta el Seomun Market, el mercado más grande y antiguo de Daegu. En Seomun se puede encontrar de todo (¿necesitas un hanbok tradicional? ¿frutas? ¿juguetes? y sí, hasta carne de perro) y a mejores precios que en el supermercado. Como era un sábado pre-Chuseok el mercado estaba un poco más lleno de lo normal. Y aunque eran ya más de las tres, todos los lugares de comida estaban repletos. Es un sitio muy fotogénico aunque todavía no me siento muy cómodo retratando allí. Debo regresar varias veces más a ver si logro conseguir algunas fotos memorables. Pero, esto fue algo de lo que vi:

Caminé del mercado hasta el centro de Daegu porque tenía que ir a un bar a tomar unas fotos para una revista. Como todavía tenía un poco de tiempo decidí ir a unas casas preservadas de unos poetas famosos, cerca de la calle de medicina tradicional coreana. Siempre me choca ver esas casas contrastadas con los edificios extremadamente modernos construidos justo al lado.

Por último, me encontré con algunos voluntarios de ‘Daegu Compass’, revista para la cual colaboro de vez en cuando. Esta vez nos encontramos en Club That, un bar de jazz en pleno centro. Ha cambiado de sitio par de veces pero ahora está en su hogar permanente. La comida me pareció normal y el mojito estuvo menos dulce de lo que hubiese querido pero fue gratis así que no me quejo.

En fin, un buen comienzo del fin de semana largo de Chuseok. Próxima parada: ¡Busan!